Desarman las luces en las paredes ajadas.
Giran en orbitas sus sombras,
y se escurren y se espejan
en la luna cómplice y ardiente.
Y se estremecen y tiemblan.
Y escuchan y se detienen.
Y pronto se inundan
en el más diáfano de los misterios:
Y cesaron los gritos del quebrado silencio.
Noches distantes y crudas asoman temerosas
sobre salvajes vestigios que reunió la bestia:
allí donde los soles reposan ya sin sueño,
y cientos de espectros de fantasmas bailan
una música: sin nombre, sin grillos ni linternas.
Aun más arriba, sobre los capiteles dormidos,
las nubes se abren ante una pasarela de estrellas,
desfilando encantadas ante las recelosas miradas.
Braman desde el cielo las trompetas
y desde irrisorias colmenas mueren las sombras.
Simulados reyes convertidos ya en ceniza
reposan en el lecho denunciando su desnudez impura.
Poco mas atrás, el reloj, metáfora del tiempo,
cobija con cendales de lágrimas
otra pintura, no muy distante.
Agitados, se desgajan de las tierras
Y son aire.
Ajenos al destino y al tiempo,
incomprensibles del silencio.
no entienden la celebración,
hunden sus alas en el naufragio de cielos
y espejos.
Sólo son pájaros.
Ayelén